Este grupo de trabajo tiene como objetivo garantizar unos Juegos Olímpicos y Paralímpicos “seguros, fluidos” y lograr “un éxito histórico”. Si bien tradicionalmente otros presidentes ostentaban un papel meramente ceremonial, Trump se ha colocado ahora al mando, junto al vicepresidente JD Vance y otros. En su característico estilo, declaró: “Vamos a ganar como nunca antes”.
El verdadero mensaje, sin embargo, residía en su reiterado respaldo a una de sus órdenes ejecutivas previamente firmada que prohíbe a las mujeres transgénero competir en categorías femeninas en los Juegos Olímpicos. “Habrá un método de prueba muy riguroso”, declaró Trump. Quienes no lo superen, añadió, no podrán competir. El Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos ha confirmado posteriormente que ha alineado su política con la directiva de Trump.
En una rueda de prensa, Trump criticó a los periodistas por no aplaudir la prohibición. “¿Nadie quiere aplaudir? Es de locos”, dijo, tras lo cual se escucharon algunos aplausos vacilantes. A continuación, Trump pasó a reiterar que las atletas femeninas deben ser protegidas de la “competencia desleal”.
La administración Trump ha ido un paso más allá al extender esta política al ámbito migratorio: las mujeres transgénero que deseen competir en deportes femeninos en Estados Unidos se enfrentan ahora a mayores dificultades para obtener una visa deportiva. Según la administración Trump, se trata de una cuestión de equidad y seguridad. Sin embargo, los críticos lo ven como un nuevo ataque a una comunidad ya de por sí marginada.














