La ley, que guarda gran similitud con medidas similares adoptadas en países como Rusia, Georgia y Hungría, fue aprobada por unanimidad por los miembros de la cámara baja. El proyecto de ley pasa ahora al Senado, donde se espera que también reciba un amplio respaldo.
El presidente Kassym-Jomart Tokayev, cuya firma es necesaria para que la ley entre en vigor, ha insistido en los últimos meses en la importancia de proteger lo que denomina “valores tradicionales”.
Aunque Kazajistán legalizó la homosexualidad en la década de 1990, las actitudes hacia las personas LGTB en este país, de mayoría musulmana pero oficialmente laico, siguen siendo profundamente conservadoras.
El ministro de Educación, Gani Beisembayev, defendió la ley alegando que “los niños y adolescentes están expuestos a diario a información que puede influir negativamente en sus ideas sobre la familia, la moral y el futuro”.
Las organizaciones de derechos humanos advierten de que esta ley supone una grave vulneración de las obligaciones internacionales de Kazajistán. La organización con sede en Bélgica International Partnership for Human Rights afirmó que la medida “viola de forma flagrante los compromisos internacionales en materia de derechos humanos asumidos por Kazajistán”.













